Hoy, 14 de abril, celebramos los 95 años desde la proclamación de la II República en España, después de la victoria de los partidos de izquierdas en las elecciones municipales y la salida del rey Alfonso XIII del país.

La Constitución aprobada a finales de 1931 estableció un Estado aconfesional, el sufragio femenino y las autonomías, y definía a España como una “República democrática de trabajadores de toda clase”. Fue, sin duda, la primera experiencia realmente democrática y progresista de este país, buscando modernizarlo con profundas reformas sociales, políticas y militares, lo que provocó una fuerte oposición de la derecha, mucho más conservadora.

Ese espíritu progresista y democrático es lo que celebramos hoy. La República es progreso y democracia frente a lo que representa la monarquía: conservadurismo, corrupción y pasado.

Los trabajadores debemos buscar esa “República democrática de trabajadores de toda clase” que proclamaba la Constitución del 31, y para ello el camino es la lucha por la proclamación de la III República, para que se pongan las necesidades del pueblo y los trabajadores en el centro y no los intereses de los poderosos, los fondos buitre o las grandes empresas. No debemos aceptar un régimen que perpetúa los privilegios de los mismos que derrocaron por la fuerza de las armas a un gobierno elegido democráticamente por todos los españoles y que nos llevaron a una guerra civil y a una dictadura fascista que duró 40 años.